(Vol.12, No.4)
ISSN: 1067-151X
© 2004 American Academy of Orthopaedic Surgeons
Aunque actualmente se utilizan diversos tipos de injerto, en realidad no existe ningún tratamiento quirúrgico que restablezca la estructura normal de los tendones. Para desarrollar terapias de reconstrucción tendinosa, se están utilizando técnicas de ingeniería tisular. Los andamiajes biológicos y sintéticos pueden reparar defectos tendinosos y mejorar su cicatrización. Ello se logra mediante la regeneración de la biología natural de los tendones, que permitirá restablecer su capacidad mecánica. Dicho proceso puede favorecerse mediante métodos de refuerzo (augmentation), como los cultivos celulares, los factores de crecimiento y la terapia génica.
A pesar del adecuado tratamiento de las lesiones del pie y el tobillo en su fase aguda, muchas de ellas acaban presentando una artrosis postraumática. La artrodesis sigue siendo el tratamiento más importante para la artrosis terminal de pie y tobillo. El conocimiento de su biomecánica, sobre todo con respecto a las articulaciones más importantes para la adecuada función del pie, es fundamental a la hora de plantear una reconstrucción. Es esencial realizar cuidadosamente la historia clínica y la exploración física, unas radiografías adecuadas y, en caso necesario, los bloqueos anestésicos selectivos de diagnóstico diferencial para limitar la artrodesis a las articulaciones que verdaderamente sean dolorosas. El tratamiento de elección sigue siendo la osteosíntesis a compresión, siempre que sea posible. Sin embargo, cuando haya defectos óseos, puede ser necesaria la fijación en neutralización para prevenir deformidades secundarias.
Las luxaciones traumáticas de rodilla son poco frecuentes. Teniendo en cuenta que suelen reducirse espontáneamente antes de ser diagnosticadas, su verdadera incidencia no se conoce. La luxación produce una lesión de varios ligamentos de la rodilla, por lo que es frecuente que se produzca una inestabilidad multidireccional. También suele haber lesiones meniscales, osteocondrales y neurovasculares asociadas que complican el tratamiento. Cuando sospechemos la existencia de una luxación de rodilla, el alto riesgo de lesión vascular nos obligará a confirmar la integridad vascular de la extremidad mediante angiografía. Para prevenir complicaciones que amenacen la supervivencia de la extremidad afecta, hay que llevar a cabo una valoración y un tratamiento iniciales rápidos. El tratamiento definitivo de la luxación aguda de rodilla sigue siendo un tema controvertido. Sin embargo, la reconstrucción o reparación de todas las lesiones ligamentosas normalmente permitirá recuperar una adecuada función de la rodilla. En el tratamiento quirúrgico de las luxaciones traumáticas de rodilla hay que tener en cuenta algunos temas importantes, como son el momento más oportuno de llevarlo a cabo, qué tipo de injerto utilizar, la técnica quirúrgica a realizar y la rehabilitación postoperatoria.
Las fracturas de la diáfisis femoral son las lesiones traumatológicas mayores más frecuentes en la edad pediátrica. Su tratamiento se ve influido por las lesiones asociadas, por múltiples traumatismos, por el tipo de fractura, por la edad del paciente, por su entorno familiar y por el coste del mismo. Además, cuando un niño sufre una fractura femoral, siempre hay que sospechar y descartar un posible maltrato. En los niños más pequeños, el tratamiento preferido es el conservador (yeso pelvipédico). En los niños en edad escolar o en traumatismos de alta energía, es preferible el tratamiento quirúrgico. En los niños mayores, la tracción seguida de yeso, fijador externo, clavos intramedulares flexibles u osteosíntesis con placa tiene unas indicaciones específicas. El adolescente esqueléticamente maduro debe ser tratado mediante fijación intramedular rígida. Las posibles complicaciones del tratamiento son el acortamiento, la deformidad angular y rotacional, el retardo de consolidación, la pseudoartrosis, el síndrome compartimental, el excesivo crecimiento del fémur, la infección, los problemas cutáneos y las cicatrices. Entre los riesgos del tratamiento quirúrgico destacan las refracturas tras la extracción de fijadores externos o placas, la necrosis avascular tras el enclavado intramedular rígido anterógrado y la irritación de las partes blandas provocada por las puntas de los clavos flexibles.
Para reconstruir defectos óseos de las extremidades, puede realizarse una transferencia de injerto libre vascularizado de peroné (irrigado por los vasos peroneos). Además, para resolver determinadas zonas receptoras difíciles, dicho injerto puede combinarse con piel, fascia, músculo y tejido de placa de crecimiento. Para reconstruir la longitud y anchura de defectos femorales o tibiales, el injerto también puede cortarse transversalmente y desdoblarse. Sus principales indicaciones son los defectos mayores de 5-6 cm de longitud y aquellos que presenten una mala vascularización en sus partes blandas circundantes. Para minimizar las complicaciones y lograr buenos resultados, hace falta una adecuada planificación preoperatoria, una buena experiencia con las técnicas de microcirugía vascular y un seguimiento postoperatorio minucioso. El injerto libre vascularizado de peroné se ha utilizado con éxito como opción reconstructiva en pacientes con defectos óseos traumáticos o de tipo séptico, y también tras resecciones tumorales. Además, en las pseudoartrosis congénitas sus resultados parecen ser esperanzadores.
Translated by Francisco Castillo, MD, Enrique Fernandez-Paredes, MD, and Antonio Ferrer, MD.